# Las costosas decisiones contractuales de Liverpool con Salah y Van Dijk salen caras
La decisión de Liverpool de otorgar contratos millonarios a Mohamed Salah y Virgil van Dijk ahora parece un grave error financiero. Ambos jugadores, leyendas del club desde que llegaron en 2017 y 2018 respectivamente, recibieron algunos de los salarios semanales más altos de la historia de la Premier League —Salah con £400.000 más bonos, Van Dijk con £350.000 más bonos— incluso al entrar en la treintena. Con el rendimiento a la baja esta temporada y el desafío por el título tambaleándose, el club se enfrenta a serias dudas sobre su visión a corto plazo.
El precio de la lealtad sin visión a largo plazo
Mantener a Salah y Van Dijk con extensiones de contrato no fue inherentemente malo. Sus contribuciones durante casi una década los convirtieron en iconos en Anfield. Pero la magnitud del compromiso financiero —que se calcula en unos £39 millones solo en salarios para el último año de sus contratos— se ha vuelto difícil de justificar. Salah se marchará como agente libre este verano tras lo que probablemente sea su temporada menos productiva con la camiseta roja, mientras que Van Dijk entrará en el último año de su contrato habiendo tenido problemas defensivos, incluido un penalti costoso concedido ante el Manchester City.
A diferencia de las estrellas más jóvenes cuyos años pico coinciden con contratos jugosos, Salah y Van Dijk ya estaban pasados de su mejor momento cuando se firmaron estos acuerdos. ¿El resultado? Una masa salarial inflada con rendimientos decrecientes en el campo.
Ecos de los errores pasados del Arsenal
Esta situación recuerda los infames contratos del Arsenal con Mesut Özil y Pierre-Emerick Aubameyang. Ambos eran de clase mundial cuando firmaron extensiones lucrativas, pero caídas rápidas obligaron al club a cortar lazos antes de tiempo —rompiendo acuerdos y asumiendo pérdidas financieras—. Liverpool parece estar repitiendo ese guion: premiando la gloria pasada en lugar del potencial futuro.
La ironía es evidente. Mientras Liverpool ha gastado unos £20 millones en el salario de Salah esta temporada y más de £18 millones en el de Van Dijk, su jugador más destacado —Dominik Szoboszlai— cuesta solo alrededor de un tercio del sueldo anual de Van Dijk. Ese desequilibrio pone de manifiesto un problema en la construcción del equipo: demasiado dinero atado en estrellas en declive, no suficiente flexibilidad para edificar alrededor de talentos emergentes.
Por qué esto duele más que solo en la cuenta de resultados
No se trata solo del dinero. Estos contratos limitan la capacidad de Liverpool para reinvertir con inteligencia:
- Estrategia de fichajes: Con incorporaciones récord ya realizadas el verano pasado, la estructura salarial deja poco margen para más refuerzos de élite.
- Moral del equipo: Altos salarios con bajo rendimiento pueden generar tensiones, especialmente cuando jugadores más jóvenes y ambiciosos cobran mucho menos.
- Presión sobre el entrenador: Arne Slot (o su sucesor) hereda un equipo con restricciones financieras que complican la evolución táctica.
Y dejemos una cosa clara: Salah y Van Dijk no son los únicos responsables de las dificultades de Liverpool. Las nuevas incorporaciones no han rendido, y al equipo le falta cohesión. Pero la carga salarial de estos dos contratos elimina el margen de error para la recuperación.
Lecciones clave
- Liverpool destinó casi £40 millones en salarios a Salah y Van Dijk para una temporada en la que ninguno rindió cerca de su pico.
- Salah se irá como agente libre este verano, lo que significa que Liverpool no obtendrá valor de traspaso tras rechazar una oferta de £150 millones del Al-Ittihad hace tres años.
- Van Dijk sigue bajo contrato un año más, pero ha mostrado signos de declive, lo que genera dudas sobre su valor a £350k/semana.
- El enfoque del club repite el desastre del Arsenal con Özil y Aubameyang: premiar el legado por encima del rendimiento futuro.
- La inflexibilidad financiera ahora lastra la capacidad de Liverpool para reconstruirse eficazmente en medio de una defensa del título inestable.
Aunque la lealtad a las leyendas del club es admirable, la economía del fútbol exige realismo. Pagar salarios de pico a jugadores en declive no es sostenible —ni siquiera para gigantes como Liverpool—. El «error doble de £39 millones» sirve de advertencia: el sentimentalismo nunca debe primar sobre la planificación estratégica.
— Editorial Team